
se nos ha echado encima el Invierno.
Las calles huelen a frío, a gas natural a castañas asadas...
Me apetecen abrigos abrigosOs, abrigos largos, que te ocultan de los rincones de la soledad.
Me apetecen desde dentro cielos rasos.
En las calles gris alegre y melancólico mar; no desde la bahía mas bella del mundo, no desde la playa más cercana a la ciudad, me apetecen mares que llegan hasta los acantilados dónde casi pierdes tu anillo.
dónde nos confesamos infantiles, las cascadas que al fin del mundo vierte el horizonte.
Orillas dónde respirar la pureza del viento frío.
Me apetece la llovizna, que poco a poco te empapa la cara y la manga que no te seca ni las pestañas.
Me apetecen pies mojados y toallas secas;tardes de tormentas bordeando inundaciones como afluentes de ciudad.
Las gotas que se hunden en la arena sin huella, que como agujas caen a sus pequeñas tumbas, estériles, luchadoras, imperiales gotas.
Quiero ese Mar magnético, telúrico, ese mar en el que suicidarme cada mañana y volver descalza.
Quiero ese mar que sabe tanto de soledad humana, el mar que exuda salitre que se mezcla entre las sábanas.
Me apetece oler la humedad de las raíces,los robustos troncos, las montañas generosas.
Pasear por los pueblos y las lunas.
Me apetece acercarme a ti buscando el calor de la sangre y entibiarme la nariz bajo tu abrigo.