jueves, 6 de agosto de 2009

Las montañas se contienen a sí mismas y a los ojos de quien vive prometiénose cruzarlas.
Estamos todos boca abajo, como en una campana de latón; el suelo se aplasta contra mí...yo sólo ofrezco resistencia.

Ese maldito motor, como las farolas, asesina el anonimato y parte del miedo.
Oigo conversaciones sin eco, en la planicie de un porche, es una sobremesa nocturna, grillos, la oscura carretera...

la lana de esta toquilla negra roza mi piel
la cinta de raso cae sobre mi muslo izquierdo.

Cabo de Gata, Almería. España
Agosto 2009


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