viernes, 9 de diciembre de 2016

El pez y el hombre

La luz dibujaba el contorno de lo que parecía un gigante pez respirando enérgicamente fuera del agua. En la penumbra de aquella cueva, donde todo era húmedo y rocoso, el sol relucía sobre sus escamas, y púas de sus aletas extendidas, haciéndolo brillar como una enorme luna llena.

Frente a él, un hombre yacía apenas con aliento envuelto en una camisa de algodón azulado y pantalones bien de explorador o de paisano.
Prácticamente inerte, el hombre entreabrió los labios cuarteados, como rogando al animal algo de agua.
La bestia en un acto incomprensiblemente altruista se deslizó por la garganta del desconcertado moribundo para alimentarlo.

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